La historia 
de A.A.

1. Los inicios

A A.A. no lo bautizaron al nacer. Su padre, el único de la familia que no pisaba la iglesia, dijo: “Esto tiene que decidirlo él cuando sea mayor”. Su madre, en cambio, se preocupaba mucho por su educación cristiana… pero cada vez que intentaba hablar del tema, terminaba discutiendo con su marido.

En el colegio, A.A. era un alumno estrella. Lo que aprendía allí era tan interesante que, poco a poco, fue dejando de lado los consejos de su madre. Él mismo lo cuenta con una sonrisa: “Mientras yo me olvidaba de Dios… por todas partes solo oía: ¡Bien, bien! ¡Muy bien!”.

Aun así, desde pequeño tenía una cosa clara: le encantaba descubrir la verdad por sí mismo. No soportaba que le mintieran. Tenía una memoria increíble y una curiosidad que no paraba. Así, paso a paso, se fue educando a su manera… buscando siempre respuestas honestas.

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