

2. Adolescencia salvaje
Sus padres eran superliberales y le dejaban hacer lo que le daba la gana. Con solo 16 años, A.A. ya lo había probado TODO.
Mentía a sus padres y profesores como si nada. Se colaba en espectáculos “solo para mayores” y luego los imitaba en casa con una cara de “soy el rey del mundo”. Cuando jugaba con sus colegas, siempre quería ganar… aunque fuera haciendo trampas. Lo único que le importaba era destacar por encima de todos.
Un día su padre lo pilló desnudo en el baño, totalmente excitado, y se lo contó a la madre… casi como si fuera un chiste. La madre se asustó de verdad. Ella ya se estaba tomando en serio su fe cristiana (mientras el padre iba a la iglesia solo de vez en cuando) y temía que su hijo se perdiera del todo.
Lo llamó a solas, muy seria, y le soltó:
«No te acuestes con ninguna chica, y mucho menos si está casada».
A.A. ni caso. Le sonó a típico sermón de madre.
Dentro de él ardía todo. Quería hartarse de las cosas más bajas, se metió en amores turbios y sucios, se embruteció solo por satisfacer sus deseos. Estaba inquieto, nervioso, obsesionado consigo mismo. Lo único que quería era follar y follar.
«¡Ojalá hubiera habido alguien que me sacara de esa mierda…!», escribió después.
Sus amigos eran exactamente como él. Se pasaban el día contándose conquistas. Al principio le daba vergüenza no tener tantas historias como ellos, así que se volvió cada vez más salvaje… y cuando no tenía nada que contar, ¡se lo inventaba!
Mientras se preparaba para irse a estudiar a la capital, decidió aprovechar al máximo: juergas nonstop. ¿Qué era lo que tanto le ponía? Hacer justo lo que estaba prohibido. Lo hacía porque estaba prohibido. Y siempre con la pandilla; solo, ni se le ocurría.
Pero no era feliz.
Sabía que Dios podía curar su alma… lo sabía perfectamente. Pero ni quería ni podía. Para él Dios era solo un fantasma, una idea borrosa. Cuando intentaba rezar, resbalaba y caía otra vez en lo mismo. Se sentía atrapado dentro de sí mismo: como una habitación sin puertas ni ventanas.
«¿Dónde podía huir mi corazón si huía de mi propio corazón? ¿Cómo escapar de mí mismo?»
